La Noche

En el convento de la noche
cantan Maitines las estrellas;
dormidos están los labriegos
cansados de podar las cepas.

Ya las abejas no liban lirios,
ni rosas, ni azucenas,
pues se han quedado dormidas
en la cuna de sus colmenas.

Pueblo que allá en la vaguada,
dos lámparas lo velan
y los pardos murciélagos
de vuelo danzando con ellas.

El labriego ha dejado las vacas
que rumian la hierba seca,
y al lado de los pesebres
el yugo, el arado y las rejas.

Sé que en el cielo hay caminos,
lo mismo que por la tierra
y los niños están ya soñando
a jugar con su blanca arena.

Sé que por el mar del cielo
navegando están las estrellas,
como si fueran los candiles
de sus soñadas barquichuelas.

Ahora se oye el viento seco
y un aullido en la sierra;
los monjes ya se han dormido
como Ángeles de pureza.

Ya vienen dos perros sueltos
oliendo de puerta en puerta;
se oyen otra vez las campanas,
que el viento juega con ellas.

Cuando despierte la aurora
y el búho retorne a la almena,
decídme si la luna llora
ó hay que apagar las estrellas.

Decídme si cesa el viento,
ó si en el cielo no hay veredas,
que yo seguiré soñando
a la luz de la noche bella.

A. Albarrán