Mi pueblo
(La cuna de mis años jóvenes)

Al pueblo se le llama Casaseca de las Chanas.

Cautelosamente perdido por los campos del vino desde hace cientos de años, fué dado a la luz Casaseca de las Chanas, del seno de la fructífera madre Castilla.

Desde que comenzó la vida en este pueblo, fueron saludados sus habitantes una y otra vez por el sol y por la luna, por los veranos y por los inviernos, por las noches y por los días, por los grillos y por las aves, por las flores y por las mariposas.

A sus cercanías discurre cansado y maduro el río Duero sobre el histórico suelo de la Vieja Castilla y a los piés de la antigua ciuad de Zamora.

A partir del nacimiento del artista, comenzaría su vida a latir en la cuna de este idílico pueblecito.

El espacio del pequeño y recogido mundo de este pueblo, se lo repartían por entonces unos mil habitantes, con sencillas costumbres de labradores.

Cogido de la mano de su padre, conocería el pintor ya desde pequeño, no solamente el campo de labranza de los alrrededores del pueblo, el azúl de los cielos de mayo, los altivos árboles de la ribera, las vendimias y los amaneceres y las puestas de sol, sino también él escucharía el chirrido de los grillos y contemplaría las mágicas noches con un cielo pacífico y compacto con un sin fin de estrellas protegiendo a su pueblo.

Estas impresiones en su niñez marcarían la vida de Alejandro de tal forma, que más tarde se harían reconocibles y se darian cita en gran parte de sus cuadros y trabajos.

Los temas de sus primeros dibujos realizados en la Escuela de Párvulos, estuvieron influenciados en gran manera por aquellas impresiones de su niñez.

Muchas de sus impresiones fueron registradas en forma de recuerdos fotográficos, para el desarrollo después de sus trabajos artísticos sobre lienzo.

Casaseca de las Chanas, repartida a los piés de su Iglesia «San Juan Bautista», es el pueblo donde crecieron las raizes de su futura vida y donde él fué cautelosamente dando sus primeros pasos en la pintura y en las artes.

Al destino de este pueblo, de sus gentes y costumbres le queda Alexal etérnamente agradecido.